Ilustración :Angela Carrasco

domingo, 31 de mayo de 2009

Mi confianza


Luz y Rosendo nos cantan y nos enseñan "maneras de vivir " un tema que siempre me ha gustado.


Otro de los temas preferidos de Signatus es " mi confianza" de Luz Casal para que nunca perdamos la confianza en los demás....

miércoles, 27 de mayo de 2009

Joaquim Mir pintor catalán 1873-1940


"Solo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma".Con esta frase donde Joaquim Mir define su labor como artista ,lo dice todo ,para mí no hace falta añadir nada más.Sus obras se pueden disfrutar hasta el próximo 26 de julio en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.






Un pueblo cuidado

Aquí os dejo otro magnífico artículo de Juan Carlos Zubieta por si sirve de algo para conseguir una Población educada y ciudades y pueblos cuidados....

JUAN CARLOS ZUBIETA IRÚN/TALLER DE SOCIOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE CANTABRIA
Publicado en El Diario Montañés .

Uno.Hace unas semanas, a eso de las 4 de la mañana, algún descerebrado rompió el cristal de la puerta de un edificio del centro Santander. Al día siguiente, el comentario del cristalero fue más o menos en los siguientes términos: «Todos los lunes tenemos varias llamadas de gente a la que en el fin de semana le han roto los cristales».
Dos. Algunos salvajes se han dedicado a romper los bancos de una calle. Les cuento: hace dos meses llamé al Ayuntamiento para solicitar que pusieran más bancos en esa calle; argumenté que en esa zona vive mucha gente mayor y que la existencia de más bancos les facilitaría el paseo; pues bien, al cabo de unos 15 días unos operarios estaban colocando bancos nuevos. Desgraciadamente, por culpa de los trogloditas no han durado ni un mes en buen estado.
Tres. El último domingo, a eso de las 10 de la mañana, observé que los alrededores de una zona donde se concentran varios bares estaban en un estado lamentable. Se lo pueden imaginar: vasos, restos de comida y ese olor característico... ¡Que se aguanten los vecinos!
Cuatro. Hay quienes poseídos por un movimiento compulsivo se dedican a pintarlo todo: el banco, la señal de tráfico, cualquier pared, y también los monumentos. Y, qué pena, no escriben declaraciones de amor, ni tampoco proclamas revolucionarias.
Cinco. Junto a nosotros también hay mucha gente guarra. Se les identifica fácilmente porque, sin ningún rubor, van dejando su rastro: abren la ventanilla del coche para tirar el cigarro; se levantan del banco y dejan el suelo lleno de restos de pipas, tiran el chicle al suelo
Seis. Bolsas y envoltorios de todo tipo se encuentran en los parajes más hermosos. Las bolsas de Lupa y de Carrefour nos invaden.
Si mis observaciones son correctas, si esos actos de falta de civismo ocurren con frecuencia en muchas de nuestras ciudades y pueblos, quizá merezca la pena preguntarse por qué ocurren y cómo tratar de evitarlos. Obviamente, explicar el fenómeno que nos ocupa no es sencillo: la casuística es muy variada y, como casi siempre, generalizar es caer en la simplificación y en el error. A pesar de esa traba, intentaré dar algunos argumentos.
¿Qué puede pasar por la mente del individuo que se dedicó a romper los bancos? Don Quijote confundió a los molinos con gigantes y embistió con su lanza, ¿habrá tenido una alucinación semejante nuestro protagonista? ¿El que se peleó con el cristal, le pasaría lo mismo que a Alonso Quijano cuando se enfrentó con un rebaño de ovejas confundiéndolo con el escuadrón del rey pagano Alifanfarón de la Trapobana? Sospecho que no, me da en la nariz que su imaginación es más limitada y que sus valores se alejan bastante de los del caballero.
Muchas hazañas como las descritas las llevan a cabo jóvenes, con poco cerebro, borrachos y en grupo. Con el alcohol se desinhiben y pierden el control, y en el grupo encuentran el apoyo, la seguridad y un público que aplaude sus gracias. Sí, también nosotros hemos sido jóvenes y en alguna ocasión hemos hecho tonterías, es natural. Pretender que todos los jóvenes jueguen al baloncesto, pertenezcan a una ONG y ayuden a los ancianos en su tiempo libre es mucho pedir. Además, por definición, en algún momento al joven le gusta enfrentarse a la norma de los adultos y llamar la atención para autoafirmarse. Algunos "ritos de paso" y cierto descontrol son positivos, pero hasta para hacer una gamberrada hay que tener estilo, y romper los bancos no creo que se pueda poner como ejemplo de algo ingenioso y divertido y sí como una falta de neuronas.
Detrás del acto vandálico también se puede encontrar la insatisfacción. Romper una farola puede ser una forma de expresar la rabia, la impotencia. En ocasiones, sin saberlo, se busca la catarsis. Con ese destrozo algunos, quizá de forma simbólica, están golpeando a una realidad personal y social que oprime y que resulta insatisfactoria. Sí, la frustración, puede llevar a la violencia. De acuerdo, pero todos deberíamos aprender a encauzar el malestar y la rebeldía de otro modo.
De los graffitis habría mucho que hablar. Reconozco que un graffitero como "Muelle" era original, demostraba osadía y creó estilo. También sé ver rasgos artísticos en algunos murales y, por tanto, comprendo, que algunos de estos dibujos acaben ingresando en los museos de arte contemporáneo. Pero, en mi opinión, en la inmensa mayoría de los casos la pintada únicamente ensucia y deteriora el entorno. Algunos psicólogos han dicho que el graffiti es una muestra de narcisismo, de la necesidad de decir: «yo he estado aquí», «yo existo». Seguramente los expertos tienen razón, pero quizá no sea superfluo apuntar otro argumento: hay jóvenes que se aburren y que no se les ocurre hacer otra cosa para entretenerse.
¿Qué hacer ante los actos incívicos? En términos generales, hay dos respuestas: el argumento o el palo, la educación o la represión. Desgraciadamente es más sencilla aplicar la segunda, de ahí las ordenanzas municipales de civismo. Mal vamos si la única forma de lograr que nuestro entorno esté cuidado es que detrás de cada individuo esté vigilando un barrendero y un policía.
En la exposición de motivos de la 'Ordenanza municipal sobre protección de la conducta ciudadana y prevención de actuaciones antisociales' del Ayuntamiento de Santander se indica: «No obstante el carácter y el talante cívicos de los santanderinos, por parte de individuos y colectivos minoritarios, en nuestra ciudad se manifiestan actitudes irresponsables con el medio urbano y con el resto de los conciudadanos que alteran la convivencia». Más adelante, se destaca que la ordenanza pretende ser "un instrumento de disuasión para los individuos o grupos infractores y un llamamiento a la responsabilidad y al ejercicio del civismo". Es muy clarificador que en el articulado se recuerde que «Los ciudadanos tienen la obligación de respetar la convivencia y tranquilidad ciudadanas» y, también, que «Están obligados a usar los bienes y servicios conforme a su uso y destino». ¿No es algo elemental? ¿No es triste que desde la institución nos tengan que recordar que debemos comportarnos de forma civilizada? ¿No es para llorar que haya que amenazar con castigos?
Leo en un periódico: «El Ayuntamiento de Madrid emplea seis millones de euros al año en limpiar los graffitis». Y en otro dice: «Vilanova instalará cámaras de video para vigilar las calles durante el fin de semana». ¿No es como para preocuparse? ¿Estamos en una sociedad desarrollada?
Les aseguro que, en términos globales, las instituciones y personas que reprimen y que recurren al castigo me resultan especialmente desagradables, pero debo de admitir que en ocasiones es necesario recurrir a fórmulas punitivas cuando algunos no atienden a razones y tienen un comportamiento que atenta al derecho de los demás. Por convicción, y por dedicación, soy partidario de las acciones educativas. En este sentido, sostengo que las instituciones formativas, con la familia y la escuela a la cabeza (en mi opinión la responsabilidad es mucho más de los padres que de los maestros), deben hacer el máximo esfuerzo para transmitir a las nuevas generaciones, y en general a todos, las normas de convivencia, no vaya a ser que en el futuro tengamos a unos magníficos técnicos, pero que sólo sepan comportarse de forma zafia.
En el libro 'Cien años de urbanidad' (1991), A. de Miguel demuestra que casi todos los manuales de buena educación y urbanidad publicados en España pretendían «convertir para la civilización a las mesnadas de juveniles bárbaros»; también indica que «son muchas las personas adultas que se alejan en sus comportamientos de los deseos que se les transmitió en los textos». Como es sabido, muchas de las normas de esos libros pretendían servir de sostén a una sociedad tremendamente clasista; también muchos preceptos abogaban por la sumisión al poder, mataban la espontaneidad y sacralizaban el ritual. Subrayado lo anterior, hay que admitir que en las cartillas aludidas se encontraban indicaciones llenas de sentido y cuyo único propósito era mejorar la convivencia. No, no estoy diciendo que en la escuela se estudie 'El niño bien educado' de G. M. Bruño, pero sí que es necesario que todos adquiramos unas normas de educación para que la convivencia no sea ingrata. Una cosa es no seguir las directrices decimonónicas del burgués encorsetado que inclinaba la cabeza ante la autoridad y otra ser un troglodita egoísta. Obviamente, las normas deben responder a los valores de la sociedad democrática y, por tanto, presididas, por la libertad, la igualdad, la solidaridad y la responsabilidad. Sí, estoy de acuerdo con la asignatura 'Educación para la ciudadanía'.
La transmisión de un código de convivencia debe ser un compromiso del conjunto de la sociedad. Así, en primer lugar, la familia debe ser una escuela de educación cívica. Por otro lado, hay que construir la 'ciudad educativa'; es decir, un conjunto de instalaciones, recursos y actividades que, de forma coordinada, desde distintos ámbitos: los museos, las bibliotecas, los medios de comunicación, los servicios sociales, los sanitarios, etc. contribuyan, junto con la escuela, a transmitir a la población valores y pautas de comportamiento que favorezcan la convivencia, la integración social y el desarrollo personal y comunitario.
Sería muy beneficioso para la convivencia que todo el mundo interiorizase que un banco de la calle, una pared, un monumento, y cualquier mobiliario urbano, son objetos 'sagrados', porque son de todos. No sólo nos cuestan dinero sino que, sobre todo, su conservación habla de nosotros. El cuidado o abandono de nuestras ciudades, pueblos y entornos naturales refleja cómo es y qué valores tiene la población. El desarrollo y la cultura de un grupo humano se manifiesta en cómo cuida su calle, su plaza, su monte. La bolsa del supermercado tirada en mitad de la calle, la farola rota y un individuo orinando en un portal transmite una imagen de la ciudad que no es precisamente atractiva, ni para el vecino ni para el foráneo. A cualquiera que tenga un poco de sensibilidad le hace daño la aberración del edificio de apartamentos levantado en las dunas de la playa, la construcción de unos adosados junto a la ría, y que la ambición de unos y la irresponsabilidad acaben con los espacios verdes. La suciedad transmite la sensación de abandono, de despreocupación, de falta de orden, de incultura. Pero, además, produce malestar social y la convivencia se deteriora. La agresión a la propiedad privada y pública, el ataque al descanso, el ruido, provoca conflicto social. Cuidando lo común, mostramos el respeto a la comunidad. Rompiendo el banco, se hace daño al vecino, al anciano que vive junto a ti, a los propios abuelos.
Un indicador del nivel de desarrollo de una sociedad se obtiene comprobando cómo cuida su entorno, cómo se mantienen los equipamientos públicos. Y, por supuesto, ese cuidado no sólo se logra con dinero, con barrenderos, papeleras y con máquinas para limpiar las playas. Los responsables de las instituciones pueden y deben hacer mucho para que las calles, plazas, playas, ríos y montes estén bien conservados, pero si los ciudadanos no nos comprometemos con ese cuidado y no exigimos a las autoridades que velen por ello, el resultado será poco fructífero. ¿Qué hacer ante los actos incívicos? En términos generales hay dos respuestas: el argumento o el palo, la educación o la represión. Desgraciadamente es más sencilla de aplicar la segunda, de ahí las ordenanzas municipales de civismo

domingo, 24 de mayo de 2009

El contrato educativo de la Tierra



La tierra es mi casa gigante. En ella tengo que vivir y convivir. En ella crezco y aprendo, juego y río. En ella tengo que ser feliz. Por eso me comprometo a cuidarla. Cuidar la tierra será de hoy en adelante uno de mis trabajos. Allí donde esté pondré mi granito de arena para que nuestro planeta sea un poco más habitable cada día. Este es mi compromiso:
CUANDO ESTÉ EN CASA: I

No dejaré correr el agua, cuando me esté lavando la cara, las manos o los dientes. Cerraré el grifo, siempre que no lo esté usando.
II
Apagaré las luces que no alumbren a nadie o que no resulten útiles. Si ahorro energía eléctrica ahorro agua y multitud de recursos naturales.
III
Procuraré poner bolsas independientes para clasificar la basura. Trataré de convencer a mis padres y hermanos para que no mezclen basura. Separaré el vidrio, el plástico y los deshechos orgánicos y los depositaré en sus contenedores específicos.
CUANDO VAYA POR LA CIUDAD O POR EL PUEBLO :

IV
Fuera de casa seguiré llevando cuidado con el agua. Respetaré las fuentes de agua potable. No usaré el agua para jugar, y no la desperdiciaré. Soy consciente de que el agua se puede acabar si no llevamos cuidado con ella. Valoraré las fuentes y las usaré sólo para beber cuando tenga sed.
V
Mantendré limpia mi ciudad y mi pueblo como primer paso para mantener limpio mi planeta. Usaré las papeleras. No tiraré al suelo chicles, bolsas, papeles, ni nada que pueda ensuciar las calles. Se que una ciudad o un pueblo limpio es más bonito y acogedor.
VI
Respetaré las zonas verdes. Tendré cuidado con plantas y jardines. No pisaré en lugares, en los que no deba hacerlo.

SI VOY AL CAMPO, A LA PLAYA O A LA MONTAÑA:
VII
Cuando salga a la naturaleza montaré mi campamento sólo en los lugares reservados para ello. Además cumpliré rigurosamente las indicaciones que encuentre al llegar al lugar de acampada.
VIII
Nunca haré fuego, ni dejaré que nadie lo haga fuera de los espacios reservados para ello. Se que el fuego es el peor enemigo de la naturaleza y lucharé contra él con todos mis medios. Además trataré de convencer a los que fuman para que no lo hagan mientras estamos en la naturaleza.
IX
Al final de cada día revisaré el lugar en el que me encuentre y trataré de que quede completamente limpio. Nunca abandonaré basura en la naturaleza.
ALLÍ DONDE ME ENCUENTRE: X

Cumpliré estos compromisos, y disfrutaré a tope de mi planeta mientras lo cuido, y procuro que lo cuiden los que me rodean.
Y para que conste que mi compromiso es serio y real firmo:

Las calles llenas de hierbas y amapolas





















lunes, 18 de mayo de 2009

El deseo de mi corazón

Ilustración:Emilie Boudet

Hoy quiero dedicar esta entrada a tod@s los "Paseantes " de Moranchelia, a los que llegan , a los que habitan , a los que marchan,a los que opinan ,a los que comentan , a los que guardan silencio y a los que colaboran , me apetece decirles porque es el deseo de mi corazón:
Somos hierros, envueltos en alambres de cobre, y cada vez que queremos magnetizarnos podemos lograrlo. Hacemos fluir nuestro voltaje interior por el alambre y atraemos a quienes deseamos atraer. Al imán no le inquieta la técnica del funcionamiento. Es él mismo, y por su naturaleza atrae algunos elementos y deja otros intactos.
Es una ley cósmica. Los semejantes se atraen. Limítate a desplegar tu propia personalidad, serena, transparente y luminosa. Cuando irradiamos lo que somos, preguntándonos a cada instante si lo que hacemos es lo que deseamos hacer y haciéndolo sólo cuando la respuesta es afirmativa, nuestra actitud rechaza automáticamente a quienes nada tienen que aprender de lo que somos y atrae a quienes sí tienen algo que aprender, que son los mismos de quienes nosotros a la vez aprendemos.
Todos los seres,
todos los acontecimientos
de tu vida, están ahí
porque tú los has convocado.
De ti depende
lo que resuelvas hacer
con ellos.




Porque es el deseo de mi corazón me apetece decirles también a los Colaboradores de Moranchelia :


Vive
de tal manera
que nunca te avergüences
si se divulga por todo el mundo
lo que haces o dices....
aunque
lo que se divulgue


no sea cierto



Y me apetece deciros porque es el deseo de mi corazón a tod@s lo siguiente:


No me interesa lo que haces para ganarte la vida.Quiero saber lo que ansías,y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón.
No me interesa tu edad.Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo. No me interesa cuáles planetas están en armonía con tu luna.Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre,si las traiciones de la vida te han abierto,o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro.Quiero saber si puedes sentarte con el dolor,el mío o el tuyo,sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo.Quiero saber si puedes estar con la alegría,la mía o la tuya,si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos,sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas,o que recordemos las limitaciones de los seres humanos. No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera.Quiero saber si decepcionas a otros para serte fiel a ti mismo,si puedes soportar la acusación sin traicionar a tu propia alma.Quiero saber si puedes ser fiel, y por lo tanto ser confiable.Quiero saber si puedes ver la belleza,aún cuando no sea bella todos los días,y si puedes originar tu vida desde su presencia.Quiero saber si puedes vivir con el fracaso,el tuyo o el mío,y no obstante pararte a la orilla del lago y gritarle a la luna "¡Sí!" No me interesa saber en dónde vives o cuánto dinero tienes.Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de pesar y desesperación,cansado y golpeado hasta los huesos,y hacer lo que se tiene que hacer por los niños. No me interesa quién eres o cómo llegaste a estar aquí.Quiero saber si te pararás en el centro del fuego conmigo sin rehuir. No me interesa en dónde o qué o con quién has estudiado.Quiero saber qué es lo que te sustenta desde adentro cuando todo lo demás desaparece.Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo,y si verdaderamente te agrada la compañía que buscas en los momentos vacíos.


por Oriah Mountain Dreamer, tomado de "Dreams of Desire" (1995)
Traducción de Cheryl Harleston